Desde pequeños hemos visto crecer bonitas flores como las margaritas, que encierran el secreto de si seremos o no correspondidos en el amor; los girasoles, que miran al sol cuando aún son jóvenes; o las gerberas, que reciben su nombre en honor al naturalista alemán Traugott Gerber. Pero estábamos equivocados, ya que estas plantas en realidad no constituyen una sola flor, sino un conjunto de flores llamado inflorescencia.
En el caso de los girasoles, de estas florecillas salen las pipas, que tanto nos gustan comer delante del televisor o en el parque un día de primavera. Pero estas no son las únicas inflorescencias que podemos encontrar entre las plantas que nos rodean.
Orquídeas, flores divinas
En la actualidad, podemos disfrutar de esta inflorescencia a lo largo y ancho del mundo, porque hay más de 20.000 especies que habitan desde el gélido Círculo polar ártico, pasando por el palpitante archipiélago de la Tierra del Fuego, hasta el sur de la desértica Austrália. Además, una de las peculiaridades de este conjunto de flores es que florecen una sola vez al año, un hecho que a partir de 1731 se convirtió en motivo de celebración entre las clases sociales más adineradas.
Anthurium, la exótica flor del amor
La forma y el color de su hoja simulan un corazón, por esta razón desde la antigüedad se le ha llamado “flor del amor”. Esta inflorescencia posee características afrodisiacas, que despiertan el deseo sexual, por esta razón se obsequiaba a las jóvenes que buscaban la maternidad, porque a su vez son símbolo de fertilidad.
En la isla de Hawaii, principales productores de Anthurium, se encuentra esta flor estampada en vestidos, formando parte de hermosos ramos de novia o adornando las calles de la isla, así como en el peinado típico de las hawaianas junto a las orquídeas, porque en una isla de tal exotismo y belleza es muy fácil enamorarse.